En primera persona
Conversaciones con editores
Los editores más importantes de España repasan sus vivencias en un ciclo organizado por la Fundación
 


Desembarcaron en el mundo editorial por caminos diversos aunque todos bajo el común denominador de la vocación y el gusto por la lectura. Muchos de ellos se criaron entre libros, originales de grandes autores y pruebas de imprenta. Han protagonizado los últimos treinta años de la edición en España y comparten algo más que el tesón, el espíritu emprendedor, la experiencia en el oficio y su amor al libro: su contribución decisiva al desarrollo de la vida cultural española del siglo XX.
De la mano de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, ocho de los editores más significativos de nuestro país relataron su trayectoria personal y profesional en el ciclo titulado “En primera persona. Conversaciones con editores”, que se desarrolló en la sede de la Sociedad General de Autores (SGAE) durante los meses de mayo y junio.
Amparo Soler, Josep Lluís Monreal, Francisco Pérez González, Juan Salvat, Germán Sánchez Ruipérez, Beatriz de Moura, Jorge Herralde y José Manuel Lara Bosch rememoraron sus primeros pasos en el mundo editorial, sus objetivos, sus logros y sus dificultades en conversación con otros tantos interlocutores procedentes de sectores diversos: escritores, jóvenes editores, o catedráticos que fueron sus colaboradores habituales.
Con este ciclo, la Fundación ha tratado de cumplir un doble objetivo: por una parte, recoger la memoria inédita de los protagonistas desde la perspectiva de la vocación y la profesionalidad y, por otra, rendirles un pequeño homenaje por su aportación a la cultura en España.


Amparo Soler
, conocida entre sus compañeros como “la dama de la edición”, fue la encargada de romper el fuego, en diálogo con Elena Catena, profesora emérita de la Universidad Complutense y colaboradora suya en el trabajo editorial, con quien repasó su infancia, su temprana vocación y su amor por los libros. Hija de impresores, se inició en el oficio con su padre, de quien aprendió que “el trabajo sirve para todo”. En el negocio familiar se dedicaba a corregir los originales, en un tiempo que -recordó con nostalgia- la imprenta era aún manual. Tuvo ocasión de conocer a “la flor y nata de la cultura española”: León Felipe, Max Aub, Ramón Gaya, Antonio Buero Vallejo... En 1945 fundaría la Editorial Castalia, una empresa que se ha hecho un hueco de honor en el panorama editorial español gracias, sobre todo, a su colección Clásicos Castalia, fundada por Antonio Rodríguez Moñino.
La editora valenciana reconoció no haberse sentido nunca excluida del círculo editorial por ser mujer -“Si acaso, me he aprovechado un poquito”, aseguró- y recordó con añoranza que “antes las editoriales eran más accesibles, más familiares y más artísticas. Había una unión muy grande y deseos de hacer las cosas bien”.


Los primeros años de la posguerra fueron especialmente duros para los editores españoles. Así lo puso de manifiesto Josep Lluís Monreal, cuyo relato estuvo plagado de anécdotas sobre las dificultades económicas y la férrea censura a la que tenían que hacer frente en aquellos días. Su hija, Silvia Lluís Rovira, directora de Circe Ediciones, fue la encargada de refrescar la memoria a este veterano de la edición, que cumplirá este año cincuenta años en el oficio.
Después de años de dedicación a la edición literaria en la editorial de Josep Janés, la creación de Danae fue la primera piedra del que hoy es un potente grupo, con gran presencia en Hispanoamérica: Océano Grupo Editorial. A lo largo del camino cosechó grandes éxitos, como El libro de la vida sexual, del profesor López Ibor; la Historia Ilustrada de la Guerra Civil o la Historia del Cine, de Roman Gubern. Monreal no tuvo reparos en recordar también lo que él denominó “falta de olfato”: rechazó nada menos que El doctor Zhivago, de Pasternak y El viejo y el mar, de Hemingway.
Hoy el presidente de Océano mantiene vivo su propósito de ofrecer libros para todas edades, intereses y necesidades y se reafirma en la convicción de que el libro en papel no desaparecerá nunca.


También sobre la posguerra habló Francisco Pérez González, cofundador de Taurus y actualmente vicepresidente del Grupo Santillana de Ediciones y de la Fundación Santillana. Entrevistado por Federico Ibáñez, director de Castalia, Pérez González rememoró el nacimiento de su vocación y sus inicios en el mundo del libro, cuando trabajaba en Santander en la papelería de sus hermanas, la Hispano-Argentina.
Lector voraz, librero, distribuidor audaz de libros no autorizados e incluso agente literario, siempre mantuvo relaciones estrechas con Hispanoamérica, -“Pertenezco a una de esas familias que no triunfaron en América”, dijo-, de donde importaba títulos que en España no se podían publicar. En 1955 crearía Taurus con Rafael Gutiérrez Giraldot y Miguel Sánchez y, posteriormente, Santillana, junto a Jesús de Polanco.
Las dotes mediadoras y la capacidad de liderazgo de Pérez González, conocido popularmente como Pancho, dieron lugar, según el director de Castalia, a una forma peculiar de entender el mundo del libro y la edición gracias a su capacidad para aglutinar al sector editorial y negociar con las instituciones acuerdos que permitieron sanearlo. Pérez González aportó a lo largo del encuentro innumerables anécdotas e historias que forman parte de la gran historia inédita de la edición en España. Por esa razón Federico Ibáñez le instó a escribir un libro que las recoja porque “las memorias de Pancho –dijo– son las memorias de la edición y creo que es algo que él debe a la sociedad española”.


No podía faltar en este ciclo el relato de otro peso pesado de la edición, Juan Salvat, miembro de una de las familias de más tradición en el ámbito familiar, que fue entrevistado por Emiliano Martínez, vicepresidente de Santillana. Hijo y nieto de editores y licenciado en Derecho, Juan Salvat se incorporó a la editorial en 1955, a instancias de su padre y aún sin una vocación muy definida. Sin embargo, el campo de la edición le sedujo tanto que permanecería en Salvat Editores hasta 1992, fecha en que la editorial se vende al grupo francés Hachette.
Convirtió la empresa familiar en pionera en España en la elaboración de grandes enciclopedias, introdujo la venta por fascículos con el diccionario Monitor y publicó grandes éxitos como la enciclopedia Fauna, dirigida por Félix Rodríguez de la Fuente; los cursos de inglés de Oxford University y la Biblioteca Básica de Radio Televisión Española, que hizo accesible a todos los públicos la gran narrativa moderna, con ejemplares a 25 pesetas.
“Nuestra editorial revolucionó el sistema de distribución. Creamos nuestra propia estructura de y hubo momentos en los que estábamos en contacto diario con 18.000 puntos de venta”, recordó Salvat, actualmente miembro del Consejo de Administración del Grupo Prisa. Todo ello en una época en la que “había una pobreza de medios impresionante y ninguna facilidad”.


Si la editorial Salvat fue pionera en la edición de enciclopedias, Anaya trajo una nueva revolución: la del libro de texto. Su fundador, Germán Sánchez Ruipérez, fue presentado por Fernando Lázaro Carreter, académico de la Lengua. El editor, que conversó con Teófilo Marcos, consultor de comunicación, se definió como “el clásico self-made-man de las últimas generaciones”. Su trayectoria profesional comenzó en la librería familiar Cervantes de Salamanca y culminaría con la creación de un gran grupo editorial líder en el sector del libro educativo y en el mundo de habla hispana, que editaba anualmente más de veinte millones de ejemplares.
Nacido en la localidad salmantina de Peñaranda de Bracamonte, e hijo de maestra y librero impresor, heredó de su abuelo paterno el amor por los libros, y del materno un valioso consejo: “procura ser el primero en lo que hagas”.
Inquieto y emprendedor, a Sánchez Ruipérez el negocio de la librería pronto se le quedó pequeño y su asistencia al I Congreso Nacional del Libro, donde conoció a editores como Salvat, Gili o Aguilar, fue definitiva para dar el salto al mundo de la edición.
En los años sesenta se traslada a Madrid y a partir de ese momento Ediciones Anaya se convierte en el Grupo Anaya con la incorporación de nuevas editoriales, como Alianza, Tecnos, Anaya Multimedia y Cátedra, entre otras.
Vive actualmente volcado a la Fundación que lleva su nombre, desde la que ejerce su otra vocación, el mecenazgo: “La Fundación es ahora mi buque insignia”, confesó. Defensor de las nuevas tecnologías, afirmó que el libro electrónico no amenaza al tradicional y recomienda al editor que se adapte a la nueva realidad.


Muy temprana también fue la vocación de Beatriz de Moura por la edición que, en 1969, fundó la Editorial Tusquets junto a su marido, Óscar Tusquets. Entrevistada por José Huerta, editor de Lengua de Trapo, de Moura evocó su juventud, marcada por la profesión de su padre, diplomático, cuyos continuos traslados le permitieron viajar por muchos países. Después de estudiar en Ginebra, retornó a la ciudad donde más tiempo había permanecido: Barcelona. Comenzó trabajando en las editoriales Gustavo Gili y Salvat. Después vendría su entrada en Lumen, creada por Esther Tusquets. Su experiencia en Lumen le hizo ver que había unos textos, algunos de grandes autores, que no se publicaban por no alcanzar la categoría de “libros”, debido a su brevedad. Ella fue tomando nota de su existencia y luego, cuando fundó su propia editorial, encontraron su lugar en las dos colecciones con las que inició su andadura: Marginales y Cuadernos Ínfimos.
A lo largo de tres décadas ha publicado mil doscientos títulos entre los que se cuentan obras de Marguerite Duras, Milan Kundera, Italo Calvino, Bioy Casares, Georges Simenon, Almudena Grandes, Luis Landero... Sin embargo, la mayor apuesta, “en unos años en que todo estaba por hacer”, fue la creación en 1977 de la colección y el Premio La sonrisa vertical de literatura erótica. Editora tenaz y transgresora, su máxima para sortear los vaivenes del mercado es “resisitir en lo que uno sabe hacer”.


De la misma generación que Beatriz de Moura, la que él llama de “los viejos rockeros de la edición” es Jorge Herralde, representante de la vanguardia cultural y progresista durante los últimos años del franquismo. Su escasa vocación por la ingeniería, a la que se dedicaba con desgana, el aspecto fetichista del libro y su poder de agitación intelectual lo llevaron a fundar Anagrama en 1969, empeñado tanto en la búsqueda de nuevas plumas en narrativa y en ensayo como en el rescate de clásicos del siglo XX.
En el relato de sus experiencias, en el que tuvo como interlocutor a Joan Barril, columnista de El Periódico, recordó las numerosas crisis por las que han atravesado las editoriales literarias, especialmente “durante los años del desencanto político, cuando la gente de izquierda y de extrema izquierda dejó de leer”. Afortunadamente, obras como La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, o autores como Patricia Highsmith sostuvieron las finanzas de su editorial durante aquellos años.
La editorial otorga dos premios anuales: el Anagrama de Ensayo, desde 1973 y el Herralde de Novela a partir de 1983.
Con un amplio catálago de dos mil títulos, entre los que se encuentran obras de autores como Nabokov, Capote, Enzensberger y de algunos españoles “alejados de los círculos mediáticos”, como Belén Gopegui, Eloy Tizón o Pablo D’Ors, Herralde, obsesionado con la calidad literaria, piensa que “hoy se edita demasiado y se publica más de lo que los lectores y los libreros pueden absorber”.


A pesar de la tradición familiar, el desembarco de José Manuel Lara Bosch en el mundo de la edición fue casual. “Nunca decidí ser editor, las acciones de las empresas se heredan, pero las profesiones no”, aseguró en su diálogo con el escritor Terenci Moix. Iba para urbanista, pero una enfermedad de su padre, José Manuel Lara Hernández, lo llevó a asumir en 1969 la dirección de Planeta. Hoy, el negocio que su padre puso en marcha a finales de los años cuarenta está considerado el primer grupo editorial de España y el séptimo del mundo, con un fondo editorial que abarca unos seis mil títulos, y que ha entrado también en el negocio multimedia y audiovisual.
El actual presidente de Planeta Internacional y consejero delegado del Grupo Planeta reconoció haber vendido “más libros para decorar que para leer, pero siempre será más fácil leer si tienes libros en vez de jarrones” y se refirió al Premio Planeta como una inversión, que “nunca pretende descubrir escritores y sí acelerar el proceso de crear mercado”.
Lara Bosch recordó algunos de los principios de su padre para triunfar en el negocio, una serie de premisas “más intuitivas que estructuradas”, desde pagar con gusto los derechos de autor hasta fomentar la presencia en los medios de comunicación.
Entusiasta de las nuevas tecnologías, mantiene que el libro no desaparecerá nunca y considera que el gran reto para los editores es entender el nuevo concepto de libro, “que es más que un formato o un soporte”.


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