El teatro en Peñaranda, una iniciativa de la Fundación

Cuando el Teatro de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez abrió sus puertas en 1989, Peñaranda de Bracamonte llevaba cincuenta años sin tener un espacio escénico estable. Había en la localidad aficionados incondicionales que, para ver teatro, se desplazaban a Salamanca o incluso a Madrid, mientras que otros, los menos pudientes, tenían que esperar a la “semana de ferias” para poder ver alguna de las obras que las compañías ambulantes representaban en Peñaranda. Estas, entre otras razones, ayudan a explicar la calurosa acogida con que la población celebró la inauguración del recinto que en su primera temporada estrenó once obras teatrales. Acudieron mil trescientos sesenta y seis espectadores y en las siguientes tres temporadas programó un total de doscientas cincuenta actos culturales, entre representaciones teatrales, recitales, ballets o conciertos de música clásica.

Pero además de referente escénico, el Teatro de la Fundación –nombre con el que se lo conoce desde su inauguración– pronto se convirtió en lugar de encuentro para los grupos o instituciones que pretendieran realizar una actividad cultural propiamente dicha, sino también celebrar conferencias, cursos y, en general, convocar un acto que requiriera un gran aforo.

Reapertura del Calderón

Si durante los dos primeros años de funcionamiento el Teatro de la Fundación despertó la afición teatral de los peñarandinos, la reapertura del Teatro Calderón de la Barca, en 1991, significó la consolidación definitiva de esa declarada pasión. Un acuerdo entre el Ayuntamiento de Peñaranda y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte iba a hacer posible la restauración del Teatro Calderón de la Barca, cerrado tras la Guerra Civil y utilizado como almacén de muebles por espacio de treinta años. Un proyecto teatral en el que la Fundación iba a verse involucrada, pues la firma de un convenio ligaba a la institución con la gestión técnica, la programación y la administración del futuro teatro. Edificio de finales del siglo XIX que, conservando su original estilo bombonera y tras los pertinentes trabajos de rehabilitación, en abril de 1991 levantó el telón con la obra de Calderón, El gran teatro del mundo, a cargo de la compañía Teatro Corsario, de Valladolid.

El año de la reapertura fue para las artes escénicas de Peñaranda el de su impulso definitivo, pues, a partir de esa fecha, la localidad cuenta con dos teatros, uno público, el Calderón de la Barca, y otro privado, el Teatro de la Fundación, destinado a programar obras de teatro infantil y juvenil, conciertos de música, recitales y danza. Además, ambos espacios forman parte de la Red de Teatros de Castilla y León, y, a través de ésta, pasan a engrosar la relación de teatros de la Red Nacional. Es a partir de esa coyuntura cuando comienzan a ser habituales en la escena de Peñaranda piezas de autores españoles y extranjeros, desde Cervantes a Brecht, pasando por Buero Vallejo o Molière, Quevedo o Ionesco; Valle Inclán o Dario Fo; compañías como Tricicle o Corsario; directores como Miguel Narros, Juan Margallo o Helena Pimienta y, para acabar con los ejemplos, actores de la categoría de Nuria Espert, María Jesús Valdés, Berta Riaza, Juan Echanove, Charo López, Emilio Gutiérrez Caba, Juan Luis Galiardo o Rafael Álvarez, el Brujo. Primeras figuras de las tablas y grandes compañías comparten programación con otras menos conocidas e incluso noveles, en muchos de cuyos espectáculos puede participar el público que acude a la cita anual del Encuentro de Teatro Joven de Castilla y León.

Finalmente, tras casi quince años de experiencia, se han montado trescientas actividades de las encuadradas en las artes escénicas que han contado con la asistencia de, aproximadamente, setenta y cinco mil espectadores.

 

Novedades en el S.O.L.

El Servicio de Orientación de Lectura (S.O.L.) ha incorporado una nueva funcionalidad, que está disponible para los usuarios desde diciembre de 2003: ya es posible leer en català, euskara, galego y valencià la información sobre los libros recomendados en la versión en castellano.

El S.O.L., recomendador de buenos libros para niños y jóvenes hasta los 18 años, plantea la misma estructura informativa utilizada para los libros con edición multilingüe. Es decir, se presenta un resumen del libro adaptado a los usuarios infantiles y juveniles; un resumen para adultos; la información que el sistema proporciona sobre cada libro; el apartado Así empieza (en la edición lingüística correspondiente) y la ficha bibliográfica completa.
Los usuarios también podrán consultar en las diferentes lenguas los datos contenidos en el apartado + Info, así como otros libros del mismo tema o del mismo personaje protagonista, o del mismo escritor o ilustrador, entre otras posibilidades de búsqueda.

El punto de partida para la localización de los títulos con diferentes versiones lingüísticas son las obras recomendadas en castellano en el S.O.L. A partir de ellas, la redacción del programa ha realizado una búsqueda a través del ISBN y de la información proporcionada por las más de cuatrocientas editoriales cuyos libros están recomendados en el S.O.L.

El sistema de señalización creado permite saber, de manera sencilla, en cuáles lenguas puede leerse un libro. Para ello el usuario simplemente tiene que pasar el cursor por la imagen de la cubierta del libro, donde aparecerán unos cuadraditos de colores con las siglas CAS (castellano), CV (català-valencià), EUS (euskara) o GAL (galego), que le permitirán acceder, en esas lenguas, a la información sobre el título elegido.

Con esta iniciativa, el S.O.L. quiere ofrecer a los usuarios lectores la información referida a los libros recomendados en otras lenguas del Estado diferentes al castellano con el fin de facilitar la navegación y la comprensión de los elementos informativos disponibles.
Actualmente, el S.O.L. ofrece 992 referencias de otras tantas obras editadas en lengua no castellana.

Durante 2004 el S.O.L. tiene como objetivo incorporar un número similar al ya existente de referencias en català, euskara, galego y valenciá, siempre que se mantengan los niveles de publicación de libros en esas áreas lingüísticas.

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