Cerca de 50.000
personas visitaron la exposición organizada por las fundaciones
Telefónica y Germán Sánchez Ruipérez bajo
el título Oro, incienso y mirra. Los Belenes en España,
que ha sido considerada como la mayor y más importante de las
de su género exhibidas hasta la fecha en nuestro país.
Durante más de un mes, entre los días 29 de noviembre
y 7 de enero, las salas que tiene en Madrid la Fundación Telefónica
albergaron cerca de doscientos conjuntos belenísticos y figuras
individuales, muchos de los cuales más del ochenta por
ciento mostrado pertenecen a monasterios de clausura y colecciones
privadas, y salieron excepcionalmente para la ocasión de su
lugar de origen. En total, más de dos mil piezas entre
figuras humanas y de animales para explicar una tradición
belenística cultivada no sólo en nuestro país,
sino también en América, las islas del Pacífico
o el Nápoles de los Borbones.
Valiosas piezas que se consiguieron reunir gracias a la colaboración
de numerosos e importantes particulares, asociaciones belenísticas,
instituciones como el monasterio de las Agustinas Recoletas de Salamanca
o el de las Agustinas Recoletas de Pamplona, museos como el Arqueológico
Nacional, de Artes Decorativas, de América, Frederic Marès,
Etnològic de Barcelona, Provincial de Guadalajara, la Fundación
Bartolomé March Servera o el Centro de Arte Reina Sofía.
Una colaboración, el de éstas y otras instituciones,
sin la cual hubiera sido imposible el montaje de una muestra que ha
querido ser novedosa y experimental. Novedosa, porque la exposición
presentaba la tradición del Belén desde múltiples
e inéditas perspectivas, entre ellas la proyección social
de esta tradición, tanto desde el punto de vista europeo como
desde el punto de vista de la historia de las religiones y creencias
del Hombre. Y experimental, puesto que, por primera vez, se integraban
obras señeras del Patrimonio Histórico y creaciones
de tono menor o popular. Aportando, además, un desglose del
Belén con sus personajes principales en orden de aparición,
los secundarios y los elementos escenográficos.
Una monumental exhibición que, haciendo un recorrido por la
historia de finales del siglo XIII hasta nuestros días, ha
sido capaz de reunir humildes figuras de cacharrería
obras de palillo, del autor Mayo Lebrija, con importantes
retablos gótico-renacentistas y esculturas de artistas de la
categoría de Salzillo, La Roldana, Amadeu o Ginés. Obras
realizadas en materiales tan variados como oro, plata, marfil, ámbar,
nácar, perlas, coral, ricas telas e incluso cera. Obras que,
en los casos de los conjuntos como la Adoración de los Reyes
de Melgar de Fernamental, el tríptico monumental de Santibáñez
de Zarzaguda o la Sagrada Parentela, atribuida a Corrado Giaquinto,
entre otros, fueron restaurados para la ocasión por Telefónica,
que, sin duda alguna, ha realizado una importante labor de mecenazgo.
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De esta manera así planteada, Oro, Incienso y Mirra
buscaba como principal objetivo, según la comisaria Letizia Arbeteta
aportar al visitante unos conocimientos básicos y ordenados,
no exentos de ironía y juego, para poder atraer la atención
de un público de todas las edades, aficiones y creencias.
Con esa indudable intención didáctica, la exposición,
calificada por Arbeteta como una mágica fiesta de lo visual,
y dirigida a un público heterogéneo en cuanto a edad y
nivel cultural, fue dividida en tres ámbitos: ¿Qué
es el Belén?, El Belén tradicional en España
y, por último, El Belén moderno español;
ámbitos que el visitante podía recorrer guiado por un
hilo narrativo que ofrecía las claves ocultas del fascinante
mundo del belén.
En el primer espacio, las piezas formaban un todo unitario, comenzando
el relato con la explicación de sus orígenes, basados
en creencias fundamentales del Cristianismo acerca del nacimiento de
Jesús, como Hombre y Dios al mismo tiempo. Su fiesta ha sustituido
las antiguas tradiciones del solsticio de invierno y las celebraciones
paganas relacionadas con la lucha de la luz contra las tinieblas.
El segundo ámbito consistía en un recorrido visual por
los Belenes españoles, americanos, filipinos y napolitanos desde
el siglo XIII hasta nuestros días, con la exhibición de
piezas casi inéditas del gran Belén del Príncipe
y el riquísimo Belén de coral y marfil perteneciente,
según dice la tradición, a Bárbara de Braganza.
El tercero y último tramo del recorrido, titulado El Belén
moderno en España, reflejaba el cambio en la concepción
del Belén español ocurrido durante el siglo XVIII. La
visión simbólica de sucesos sobrenaturales quedaba sustituida
por el Belén pintoresquista, con referencias a tipos tomados
de la realidad hasta llegar al belén arqueológico o bíblico
actual, queriendo reconstruir fielmente la vida en la Judea del siglo
I. Obras de las escuelas catalana y murciana, de escultores y orfebres
del siglo XX, dioramas realizaciones actuales de las asociaciones
de belenistas y un Belén popular construido
con materiales tradicionales.
La exposición, inaugurada el 29 de noviembre, contó con
la presencia de doña Ana Botella, don Jaime de Marichalar, duque
de Lugo, y del secretario de Estado de Cultura, Luis Alberto de Cuenca,
así como la de diversas personalidades del mundo de la cultura,
de la empresa y de la política.

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