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Esos testimonios,
procedentes de archivos nacionales y extranjeros, están
incluidos en el libro Historia de Peñaranda de Bracamonte
(1250-1836), realizado por las profesoras Ana
María Carabias y Claudia Möller,
de la Universidad de Salamanca. La publicación de esta
obra ha sido posible gracias a la colaboración del Ayuntamiento
de Peñaranda, la Diputación Provincial de Salamanca,
Caja Duero y la Fundación.
La investigación
de las profesoras Carabias y Möller ha establecido un ineludible
punto de partida para completar la historia de la ciudad. A través
de un exhaustivo trabajo de depuración documental han conseguido
fijar la historia espacial de la villa, han ampliado sustancialmente
la cuestión del origen del señorío, han aclarado
el intrincado asunto de las jurisdicciones, han establecido la
genealogía señorial y también han ampliado
el conocimiento que se tenía de la historia del arte de
la ciudad.
Se trata del primer estudio riguroso que se hace sobre la villa,
y recoge su historia desde mediados del siglo XIII, fecha de la
localización de los primeros vestigios escritos sobre el
asentamiento humano necesariamente anterior que derivó
en la actual Peñaranda de Bracamonte, hasta 1836, año
aceptado historiográficamente como el de finalización
del señorío de Bracamonte.
Todos estos aspectos acerca de la actual Peñaranda de Bracamonte
adquieren relevancia teniendo en cuenta que, salvo datos aportados
por el historiador Franco Silva para el período del señorío
medieval, todo era una nebulosa
Antes
de realizarse este trabajo afirman las investigadoras
no teníamos idea de que un conde de Peñaranda hubiera
sido presidente del gobierno español, que hubiera habido
un peñarandino en la expedición que fundó
la ciudad de Córdoba, en Argentina, o que tengamos dos
santos entre nuestros antiguos vecinos".
De manera que a partir de ahora ya tienen su justo lugar en la
historia personajes como Bernardino Fernández de Velasco,
X conde de Peñaranda, que fue nombrado presidente del Consejo
de Ministros el 6 de setiembre de 1838, Pedro Soria, que viajó
en 1753 al Nuevo Mundo con Jerónimo Luis de Cabrera o los
franciscanos Pedro Bautista y San Martín de la Ascensión,
ligados al convento de Nuestra Señora de Gracia, canonizados
tras su martirio en Japón.
El
origen y la evolución del nombre de Peñaranda de
Bracamonte
El origen
del nombre de un asentamiento humano como el de Peñaranda
de Bracamonte, situado en el cruce de una antiquísima red
de caminos, se pierde en la historia y es difícil asociar
su origen filológico probablemente prerrománico
al del poblamiento.
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Sin
embargo, la primera huella escrita aparece en documentos relacionados
con la repoblación del valle del Tormes, en la primera
mitad del siglo X. Según se lee en Sam Piro,
el rey Ramiro, hacia el año 940 afirman Carabias
y Möller, hallando el lugar de Penna despoblado
por las guerras, lo repobló". Así pues,
Penna procedente del latín barbarizado de entonces
sería el origen del topónimo actual. Posiblemente
fue creado por repobladores procedentes de Peñaranda
de Duero, que le pusieron al nuevo asentamiento el nombre
de su lugar de origen, entre los siglos XII y XIII.
Más precisiones: la villa no figura en la lista completa
de aldeas que integraban la diócesis de Ávila
en 1250 pero sí en el testamento de don Domingo
Martínez, obispo salmantino", fechado el 21 de
enero de 1267. Este dato ha permitido al profesor Ángel
Barrios afirmar que el asentamiento primitivo puede haber
nacido entre 1250 y 1267. Peñaranda fue el topónimo
exclusivo de la villa desde finales del siglo XV y durante
la mayor parte del siglo XVI afirman Carabias y Möller
pero gracias a la importancia que adquirió el mercado
semanal que le concedió en 1375 el monarca Juan I,
los foráneos comenzaron a llamarla también
Peñaranda del Mercado".
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Ese
impulso económico fue decisivo para la ciudad ya que
según señalan las autoras en
los albores del poblamiento, Peñaranda no estaba bien
comunicada: quedaba alejada de la vereda de la Calzada de
la Plata, o La Guinea que era como se conocía
en la Edad Media esta vía romana, que unía Asturica
Augusta (Astorga) con Emerita Augusta (Mérida).
La identidad de la villa no volvió a sufrir cambios
a partir del real despacho de 31 de enero de 1602, por el
cual Felipe III concedió el título de conde
de Peñaranda a don Alonso de Bracamonte. De ahí
proviene su actual nombre de Peñaranda de Bracamonte. |
La creación del señorío
El
señorío de Peñaranda de Bracamonte tuvo como
titulares a miembros de tres linajes: los Bracamonte, primero;
los Fresno después y los Frías, por último"
señalan Carabias y Möller. Sin embargo
el seguimiento de las genealogías ligadas a los destinos
de Peñaranda
de Bracamonte no está exento de dificultades. Aunque, algunas
cosas están claras. Por ejemplo, "todas las noticias
corroboran que el linaje de los Bracamonte tiene su origen en
Francia y que en España desemboca en varias líneas
a partir del almirante Rubí de Bracamonte: una en la Corona
de Aragón, de la que desciende por ejemplo
el linaje de los conquistadores Fernández de Hijar y Bracamonte;
y muchas otras distintas, a veces emparentadas, en la Corona de
Castilla: la de Peñaranda, la de Ávila, la de Fuente
el Sol (Valladolid), la de Sevilla, la de Islas Canarias, la de
las Indias
"
A todos esos escollos se añade el de que muchos de ellos
se llaman igual hay cinco Juan de Bracamonte viviendo casi
simultáneamente a caballo entre los siglos XV y XVI
o que no es unívoca la denominación de algunos de
ellos. Uno de los ejemplos más representativos es el del
famoso conde de Peñaranda, Gaspar de Bracamonte y Guzmán
(1592-1676) entre otros muchos cargos consejero real, embajador,
virrey de Nápoles
"que se hacía
llamar Gaspar de Bracamonte y Pacheco aunque en el ámbito
nacional e internacional fuera conocido solo como Bracamonte"
aunque en los círculos políticos de la época
también le llamaran el Peñaranda.
De
todos modos, es necesario remontarse al 10 de octubre de 1418
para asistir a un acontecimiento que según Carabias
y Möller tiene una importancia decisiva para la ciudad.
Ese día toma posesión de la villa y pronuncia
el requerimiento de vasallaje a sus vecinos el mariscal Álvaro
de Ávila, que a partir de entonces fue considerado
el primer señor de Peñaranda. Esto
no es así en sentido estricto aclaran las investigadoras
porque antes lo fue Alonso Rodríguez de Contreras,
aunque sí lo fue quizá en cuanto al esfuerzo
con el que logró poblar y favorecer la entonces aldea
de Peñaranda". ¿Qué ocurrió,
entonces, para que se le otorgara el señorío
al mariscal? Sencillamente que Alonso Rodríguez de
Contreras, tras mucho litigio familiar con su madre y su hermano
Diego de Contreras, vendió a Ávila su parte
la mitad de la villa con su jurisdicción
y además requirió al concejo que lo aceptara
como legítimo señor de la villa. Ávila
era un personaje importante en el panorama político
y militar del momento precisan las autoras y prueba
de ello es que fue invitado a la proclamación de Fernando
como rey de Aragón y a su posterior coronación.
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En
este punto la historia de la villa ofrece un dato curioso.
Álvaro de Ávila se casa con Juana de Bracamonte
(también llamada María), una de las hijas de
Mosén Rubí de Bracamonte, almirante mayor de
Francia, cuyo apellido quedaría ligado para siempre
a la historia de la villa castellana. Sin embargo eso quizá
no habría ocurrido si los cuatro hijos del primer señor
de Bracamonte no hubieran decidido por razones que el
tiempo se ha encargado de preservar anteponer el apellido
materno al paterno, según la detallada investigación
genealógica presentada por Carabias y Möller. |
Aunque es imposible agotar aquí la importancia del señorío
y sus múltiples avatares, incluso su disolución
está plagada de curiosidades. Se sabe indican
que la supresión del señorío fue decretada
por las Cortes de Cádiz el 22 de marzo de 1811". Sin
embargo, a pesar de la proclama de las Cortes Constituyentes,
de 23 de agosto de 1812, no lograron realizarlo. La clave está
en que "la importancia capital de la ley radicaba en la abolición
de los señoríos en su elemento patrimonial, o sea,
en la posesión de la tierra y en la percepción de
tributos y rentas". En todo caso el señorío
de Peñaranda fue perdiendo poder adquisitivo, privilegios
y derechos hasta la disolución definitiva que advierten
las investigadoras no tuvo lugar en 1836, que es la fecha
libresca emblemática [cuando las Cortes Constituyentes
restablecieron las leyes abolicionistas de 1811 y 1823], sino
después
en un momento que aún falta por investigar".
El mercado de los jueves
La importancia
de Peñaranda como un lugar de mercado y trasiego
de personas" viene de antiguo y se ha mantenido como parte
de su identidad hasta nuestros días. Efectivamente, con
los años, el mercado de los jueves se constituyó
en la seña de identidad por excelencia de la villa, hasta
el punto de que según la enciclopedia Espasa
la expresión llevar a Peñaranda significó
durante años familiar y figuradamente empeñar,
haciendo patente así el sentido comercial del lugar".
La conclusión más importante a la que han llegado
las investigadoras al estudiar este proceso es que Peñaranda
fue, desde el principio, un centro eminentemente comercial y que,
como villa señorial, el monopolio de la explotación
del mercado perteneció
al señor: era el dueño de los beneficios de la compra-venta,
como propietario de las alcabalas y parte de los cientos; dueño
para nombrar a los fieles y a los mayordomos del concejo bajo
cuya responsabilidad directa este mercado se efectuaba,
y dueño de los pesos y medidas que en él se empleaban".
La condición
social de los peñarandinos
La historia
de un lugar quedaría incompleta sin noticias sobre sus
habitantes, la gente que en definitiva construye el tejido de
la microhistoria en cada etapa. Por eso las
investigadoras se han empeñado en responder a sencillas
preguntas como ¿a qué se dedicaban? o ¿cómo
vivían? los habitantes de Peñaranda en
aquellos tiempos. Para Carabias y Möller es evidente que
el modelo social más valorado es el nobiliario".
La nobleza explican goza de privilegios
políticos y judiciales; la adquisición de la nobleza
era un ideal en la mente de casi todos, pero no constituía
un grupo homogéneo, sino que existía una fuerte
gradación entre el más alto honor del que disfrutaba
un título desde tiempos de Carlos V, hasta
el mínimo del hidalgo".
Por aquel entonces, aunque la condición de la alta nobleza
solía asociarse con la riqueza la posesión
de medios económicos no era un requisito previo para gozar
de la condición nobiliaria advierten. Los señores
de vasallos no eran una categoría nobiliaria; podía
heredarse o comprarse una jurisdicción o una villa sin
ser noble". Es más, los señores de Peñaranda
lo hicieron varias veces antes de tener un título. No obstante,
la posesión de un señorío continuó
siendo un requisito previo para acceder a un título. Es
así como el señor de Peñaranda, tras varias
generaciones, consiguió el título de conde y cuando
la casa de Bracamonte se unió a la de Frías, su
titular también disfrutó de los títulos de
duque y marqués sobre distintos territorios".
Los señores
de Peñaranda se comportaron como casi todos los miembros
de la nobleza cuando accedieron al título de conde: dejaron
de vivir en la villa y fijaron su residencia en la Corte, al acecho
de prebendas. Y las obtuvieron, como señalan Carabias y
Möller, no sólo en forma de nombramientos para oficios
de gran responsabilidad política, sino también al
ser distinguidos con el título de grandes llamados
los primos del Rey lo que conllevaba poderío e influencia
social. No sólo compraron tierras y vasallos
sino títulos nobiliarios. Aunque no hemos encontrado
el recibo aseveran las investigadoras es prácticamente
seguro que don Alonso de Bracamonte consiguió tal designación
tras ingresar una suculenta cantidad de ducados en las arcas de
Hacienda".
En la pirámide
social de Peñaranda, en cambio, no hay muchos hidalgos.
Los hidalgos, el sector más bajo de la nobleza
explican las autoras, adquieren valor como grupo social
en el siglo XVI, pero es muy difícil encontrarlos y contarlos
en las fuentes peñarandinas, porque no se conservan registros
de población en los que se especifique esta u otra condición,
salvo la de pechero [por estar sometidos al mayor rigor
tributario y privados de todo privilegio], como si sólo
interesara computar al que tenía obligaciones tributarias.
Oficialmente el hidalgo es el que no pagaba pechos, impuestos
directos
" Por tanto es difícil saber cuántos
hidalgos había en la villa porque los recuentos de población
disponibles no recogen el nombre o el número de los exentos
de pago fiscal. En el donativo real de 1636, que computaba el
total de la población de la villa consignan las investigadoras,
sólo quedó reflejada la condición de hidalguía
en un caso, y más como apodo que como otra cosa (Jusepe
Rodríguez, el hidalgo, de profesión oficial
zapatero)."
Las historiadoras
han comprobado también que un grupo creciente en esta villa
era el del clero, tanto secular como regular. Sus miembros
tenían muchas ventajas fiscales y sociales aseguran
y estas circunstancias hacían muy apreciables estas
plazas sobre todo en momentos de crisis económicas".
En cambio, "sólo hubo un convento femenino, el de
las madres carmelitas descalzas" con un dato inicialmente
curioso: el número de monjas siempre era menor que el de
frailes. Las autoras afirman que se debía a motivos económicos,
ya que a las mujeres se les exigían dotes relativamente
elevadas. Pero señalan como excepción precisamente
a este convento de Peñaranda, "donde casi todas las
que ingresaron en los primeros años lo hicieron de balde."
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A
pesar de que no se mencione con frecuencia, la esclavitud
estuvo vigente en España hasta su abolición
en 1880. Por eso las autoras han querido señalar un
dato peculiar, dado que en Peñaranda no se refleja
la existencia de esclavos más que esporádicamente
y como parte de la propiedad señorial".
En 1418 dicen encontramos el caso de
un moro que llaman Muhamed que fue usado como
moneda de cambio en la compraventa de la villa. No
aparece otro rastro de ellos hasta finales del siglo XVI,
cuando la suegra del señor de la villa y viuda de don
Juan de Bracamonte, doña Ana Dábila y Córdoba,
otorga carta de poder a Juan Bautista de Bustamante, vecino
de Sevilla y estante en Peñaranda, para vender a Cristóbal
"
La descripción que la señora hace de su esclavo
es bien detallada: es de color negro atezado que se
llama Cristóbal como de hedad de treinta y quatro años
poco más o menos de buen cuerpo, patibieso y barbado,
con una senal de herida en la sien izquierda
".
Las autoras suponen que Cristóbal no fue vendido en
ese primer intento por el hecho de que cuatro años
más tarde el señor de la villa apoderó
de nuevo a otro individuo para vender un esclavo y eso sugiere
la posibilidad de que fuese el mismo". |
Un caso especial: los judíos y los moriscos
Basándose
en las aportaciones de otros investigadores como Carrete y García
Casar, las historiadoras Carabias y Möller aseguran que Peñaranda
es uno de los veinticuatro asentamientos salmantinos judíos
localizados". Hay datos ciertos de
que hubo una judería, es decir una simple agrupación
de judíos, más que una aljama que era, en cambio,
una comunidad suficientemente documentada y organizada desde el
punto de vista jurídico.
Tampoco los judíos de la región se libraron de lo
que ocurría en el resto de la España de entonces.
Pero en Peñaranda ocurrió algo diferente. Si bien
poco a poco eran excluidos de las labores de arrendamiento
de tributos, acusados colectivamente de haber influido en las
turbulencias políticas castellanas desde mediados del siglo
XIV, mientras en muchos lugares se enfrentaban a la tesitura de
la conversión, huida o muerte, el señor de Peñaranda
revelan las autoras les abrió las puertas de
la villa y les regaló una calle para que fijaran su asentamiento
y sinagoga."
Esto les ha permitido deducir que los judíos formaron
parte del proceso repoblador peñarandino, aunque de forma
muy tardía". Tampoco se puede asegurar cuándo
se asentaron los judíos en la Villa. Sin embargo, las autoras
han podido determinar su presencia desde 1464, ya en esa fecha
aparecen pagando impuestos. Una donación de terrenos de
Álvaro de Bracamonte, segundo señor de la villa,
entre 1479 y 1486 contribuyó al impresionante aumento"
de judíos en la localidad como reflejan las autoras
incluso bastante tiempo antes de la expulsión general de
1492. No sólo fue importante su número sino su capacidad
económica ya que ha quedado constancia de que eran
tan ricos como para pujar por las rentas más cuantiosas
de Peñaranda". No se sabe
qué pasó tampoco con sus propiedades tras la expulsión.
La expulsión de los moriscos
Muy diferente
ha sido para las autoras documentar la expulsión de los
moriscos a principios de 1610. Aunque no ha sido posible determinar
con precisión desde cuándo vivían en Peñaranda
en cambio quedó profusa constancia notarial de su situación,
bienes y circunstancias en las que iban a emigrar desde
los primeros decretos de expulsión".
En esos documentos se refieren a ellos como moriscos granadinos",
detalle por el que cabe imaginar que la mayoría llegaran
como consecuencia del reparto controlado que se realizó
de ellos por la Corona de Castilla a raíz de la revuelta
morisca de las Alpujarras, en Granada (año 1571)",
explican Carabias y Möller.
Dado que la normativa sobre la expulsión les obligaba a
realizar una relación ante notario de personas y haciendas,
y a ello procedieron el 30 de enero de 1610, las investigadoras
destacan el inestimable valor histórico de aquellos registros.
Por ellos se ha podido conocer qué bienes había
en cada una de aquellas dieciséis casas y cuántos
miembros componían aquellas familias, que en total sumaban
setenta y tres personas: dieciséis varones cabezas de familia,
y cincuenta y siete mujeres, niños y criados..." También
ha quedado constancia de que la comitiva de moriscos estuvo a
cargo de las autoridades abulenses que designaron a Bernardino
de Velasco, conde de Salazar y comisario general de Infantería,
para preparar la expedición y acompañar a los expulsados
hasta la frontera francesa, previo embarco en Cartagena.
Historia de Peñaranda de Bracamonte (1250-1836)
Claudia Möller y Ana María Carabias
Ediciones de la Diputación de Salamanca
Ediciones Bracamonte
640 páginas
ISBN 84-7797-202-8
El texto completo está disponible en la web de la Fundación:
www.fundaciongsr.es/documentos/historia/default.htm
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