LA
MUJER LECTORA
Mª Carmen Simón Palmer
Investigadora. Instituto de la Lengua Española.
Consejo Superior de Investigaciones Científicas


El siglo XIX presencia la incorporación de la mujer a la lectura, lo que supone una transformación social.
Por una parte el mundo editorial trata de atraerla adaptando algunas publicaciones a sus gustos, creando otras específicamente destinadas a ella y, en bastantes casos, el resultado es el aumento de las tiradas. Además, la lectura conducirá de forma natural a un elevado número de mujeres a expresar por escrito lo que piensan


Hasta el pasado siglo son escasos los testimonios gráficos de españolas retratadas con libros, a excepción de Santa Teresa y María Isidra Quintina Guzmán. Incluso entonces las mismas escritoras prefieren aparecer con un abanico o un pañuelo entre sus manos, aunque ya algunas se atreven a coger un libro como motivo decorativo: Gertrudis Gómez de Avellaneda, Fernán Caballero, la condesa de Espoz y Mina, Blanca Gassó son algunos ejemplos. Habrá que esperar a la llegada de la fotografía para conseguir testimonios de los gabinetes de lectura y trabajo de Paz de Borbón, Sofía Casanova o Emilia Pardo Bazán.
Es indudable la importancia que tuvieron las medidas legislativas para su alfabetización pero hasta mediado el siglo se hará muy poco de modo oficial. De acuerdo con las estadísticas el 37,02 por ciento de las madrileñas sabía leer en 1860, pero el índice medio en España estaba en el 9,05 por ciento. El año 1877 ascendía en Madrid al 47 por ciento y en España al 14,68 por ciento.
El 9 de septiembre de 1857 la ley Moyano obliga ya a los padres a llevar a sus hijos a la escuelas de los seis a los nueve años y a crearlas en los pueblos de más de 500 habitantes, las de niñas separadas de las de niños y con programas de estudios distintos.
De la dificultad de cambiar la mentalidad y del desprecio de las propias mujeres por la cultura, inculcado desde la niñez, sirve de ejemplo lo que la reina María Luisa escribía a Godoy en 1804: "Soy mujer, y aborrezco a todas las que pretenden ser inteligentes, igualándose a los hombres, pues lo creo impropio de nuestro sexo, sin embargo, de que las hay que han leído mucho, y habiéndose aprendido algunos términos del día, ya se creen superiores en talento a todos".
Pero el cambio era inevitable y ya en el último tercio del siglo se inicia en las escuelas racionalistas, especialmente de Barcelona, el acercamiento de las obreras a las bibliotecas de estos centros y lo mismo sucede en algunos Ateneos que vemos suscritos a revistas femeninas.

La preocupación de los hombres ante lo que consideran un peligro: desviar a la mujer con la lectura de su auténtica misión en la vida, va a reflejarse en centenares de textos de todo tipo.
Es interesante conocer cómo se aficionaron a la lectura algunas escritoras famosas. Carolina Coronado confiesa en sus cartas a Hartzenbusch que ha leído por su cuenta y así ha aprendido el francés y el italiano, lo mismo que harán otras traductoras. Afirma que en la década de los treinta la lectura de los clásicos españoles, la poesía contemporánea y determinadas novelas "bien escritas" eran un pasatiempo aceptable.

Emilia Pardo Bazán se familiariza en la biblioteca paterna con los grandes autores extranjeros, especialmente franceses: "Solo estaban puestas en entredicho las obras de Dumas, Sue, Victor Hugo, George Sand y demás corifeos del romanticismo francés. Siempre que se nombraba delante de mí, era dando a entender que no había lectura más funesta para una señorita".
Lectora precoz fue también Concepción Arenal, quien en las cartas a su tío menciona haber leído los tratados de frenología de F. J. Gall y al historiador y político francés Guizot.



Lecturas públicas

Algunas mujeres tuvieron el valor de leer en el pasado siglo en actos públicos, fuera de las tertulias domésticas o del aula. El Liceo madrileño celebró en 1848 una sesión extraordinaria donde se coronó a Carolina Coronado. La homenajeada leyó entonces su poema Se va mi sombra pero yo me quedo (El Heraldo, 1848-septiembre-27).
En 1884, subirá por primera vez una mujer, Rosario de Acuña, a la tribuna del Ateneo de Madrid para leer algunos de sus poemas, algo que se pronosticó que no se repetiría, puesto que los hombres hubieron de resignarse a un papel completamente pasivo. Asimismo hubo lecturas públicas en los domicilios de algunas autoras como ensayo antes de estrenar sus obras, y la correspondencia de Gertrudis Gómez de Avellaneda nos permite conocer las frecuentes citas a dos o tres amigos por la noche: "No es reunión literaria, ni cosa que se le asemeje; sino lectura familiar, tan de confianza que me permito hacerla en mi despachito".
No puede olvidarse el testimonio dejado por el doctor Antonio Navarro Fernández, en La prostitución en la villa de Madrid, que menciona cómo la prostituta que sabía leer abría la oficina en el jardín del hospital de San Juan de Dios, y a cambio de algunas monedas leía a sus compañeras enfermas las cartas que llegaban.


Tipo de lecturas: instructivas, morales y prácticas

El formato de los libros de lectura femenina es bastante uniforme, en octavo, con pequeños grabados y muchas veces el texto en forma de máximas para permitir memorizar con facilidad los consejos que dan, de fondo moral y finalidad práctica en muchos casos. Los reglamentos conservados de colegios femeninos citan como textos, las Lecciones escogidas de las Escuelas Pías, El amigo de los niños, las Fábulas, de Samaniego, el Método de Lectura, de Naharro o La joven. Lecciones de urbanidad para niñas, de María Orbera.

 

 

Algunos de los numerosísimos libritos de lectura fueron traducciones de obras de éxito en otros países, como el Almacén de señoritas adolescentes, de Madame Le Prince de Beaumont, la de Dupuy, Instrucción de un padre a su hija sobre las materias más importantes de religión, costumbres y modo de portarse en el mundo (1831), o las de Mme. Celnart, Fénelon, Mme. Campan, Paolo Mantegazza, duquesa de Genlis, etcétera.
Al llegar a la juventud se la irá preparando para el matrimonio con una serie de lecturas adecuadas, y la moral y la religión pasan a ocupar el primer lugar. Será en este sentido el confesor de Isabel II y luego santo, Antonio María Claret, la autoridad de la época. Sus consejos para solteras, casadas y viudas vienen a complementar la obligada lectura de La perfecta casada, de fray Luis de León.

Las pésimas condiciones higiénicas y la elevada mortalidad de las mujeres en el parto recomiendan ocuparlas en lecturas religiosas que las preparen para ese trance, indicándoles cómo visitar la casa de la Virgen para solicitar ayuda o hacer rogativas especiales. Un ejemplo es el folleto publicado por la comunidad de religiosas de la Concepción Bernarda en 1818 con la Novena de la gloriosa esposa de Jesús Santa Lutgarda, especial abogada en los peligrosos sucesos de los partos.
La nueva clase media femenina precisa de obras útiles de los más variados temas para poder desenvolverse tanto en la vida pública como en la privada: conocer el lenguaje del abanico o de las flores, saber presentarse en sociedad, recetarios de cocina, tratados de belleza, de economía doméstica, etcétera. En este capítulo se incluiría la revista fundada por el doctor Tolosa Latour, La Madre y el Niño (1883), especialmente consagrada a inculcar a las madres los principios de la higiene.
Hasta mediado el siglo es muy escaso el número de mujeres que trabajan fuera del hogar si dejamos a un lado, por ser analfabeto, al servicio doméstico, pero se publican bastantes libros destinados a las maestras, repletos de consejos.


Lecturas literarias

Los editores del pasado siglo prestaron especial atención a la mujer como lectora en diferentes géneros literarios. El folletín fue uno de los preferidos, ya se publicara en los diarios, como La Correspondencia de España, en revistas de carácter general, como El Periódico para todos, o en las específicamente femeninas como El Correo de la Moda. Muchos de ellos eran traducciones de autores franceses, si bien alguna autora como Eduarda Feijoó de Mendoza y su Doña Blanca de Lanuza parece ser que obtuvo un éxito relevante.
Se advierte continuamente del peligro de la lectura para la estabilidad moral e incluso mental de las mujeres. Pilar Pascual de Sanjuán, en Los deberes maternales (1875), desaconseja las novelas sentimentales y aquellas cuyos protagonistas sean perfectos "pues desaniman a la joven porque le hacen exigente a la hora de escoger marido" e incluso "producen un mal efecto en su lenguaje".
La preocupación ante la posible lectura de obras extranjeras un tanto heterodoxas llevó a algún traductor español a poner notas a pie de página, aclarando que Dios había otorgado el segundo lugar a la inteligencia de la mujer y cómo para detener su avance le imponía multitud de trabas.
Todavía en los años ochenta se intenta prohibir o controlar la lectura de la novela y se recomienda a Trueba, Fernán Caballero, Alarcón o Pilar Sinués y las lecturas edificantes, por ejemplo la "Biblioteca del Bien" de Aurora Lista. Innumerables son los testimonios literarios de personajes femeninos desequilibrados por culpa de la lectura de novelas: Isidora Rufete en La desheredada, la Marquesa de Ayamonte en La Quimera, etcétera.
La prensa diaria intercala secciones de modas y poemas de forma habitual y las revistas literarias van a variar su contenido con los años para dar cabida a las nuevas lectoras. El Semanario Pintoresco Español con sus artículos culturales breves permitía a las mujeres completar su instrucción y, ya en la segunda época, en 1839, reconoce abiertamente que las mujeres han sido una de las causas de su crecimiento, de ahí el subtítulo Revista de las familias y el grabado de una lectora en la viñeta de la portada.
Pero, sin duda, la mayoría del público femenino adquiere las revistas a él destinadas, que nacen en este siglo y alcanzarán gran éxito de ventas. Tienen la finalidad de "instruir deleitando" y hacer cumplir a la mujer adecuadamente su "sagrada" misión en el mundo, por lo que serán controladas por hombres, aunque colaboren las autoras más famosas del momento.
Hay revistas de modas, profesionales e incluso políticas, aunque la mayoría tienen un carácter didáctico y literario. Además de las escritoras del momento más populares, todos los autores importantes de la época: Galdós, Frontaura, Hartzenbusch, Pedro A. de Alarcón, Ayguals de Izco, colaboraron en alguna de las cien publicaciones femeninas aparecidas en toda España.
Por último no puede olvidarse la lectura de la poesía por parte de las mujeres, género que se considera el más apropiado a su sexo, dentro de la literatura, por cultivar la sensibilidad que le era propia y plantear menos problemas morales.
Sin olvidar en ningún caso las notables excepciones, las mujeres del siglo pasado tardaron en incluir la lectura entre sus ocupaciones. La tutela que se ejerció sobre ellas las hizo consumidoras de un tipo de literatura didáctico-moral que las conducía al cumplimiento de las obligaciones inherentes a su sexo. Eso explica el éxito de las revistas femeninas, con la Reina como primera suscriptora en muchos casos, y la popularidad de autores que han quedado en el olvido.

Extracto de la colaboración de M.ª Carmen Simón Palmer para la Historia de la edición y de la lectura en España (1472-1914)
Bajo la dirección de Víctor Infantes, François Lopez y Jean-François Botrel
Colección Biblioteca del Libro - Fundación Germán Sánchez Ruipérez
864 páginas
ISBN 84-89384-40-1

 

Una aventura literaria
en clave mítica

La mitología fue la protagonista de la programación con la que el Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil de Salamanca cerró la campaña de promoción de la lectura realizada en la biblioteca durante el último curso. Bajo el epígrafe De dioses, héroes y titanes... Un recorrido por las mitologías del mundo, entre el 20 de junio y el 18 de julio de 2003 se desarrolló un programa de actividades que combinó lo literario con la creatividad para ofrecer una alternativa de ocio al comienzo de las vacaciones escolares.
El programa se diseñó con la intención de aprovechar la fuente inagotable de relatos y elementos fantásticos de los mitos, que tienen gran atractivo para niños y jóvenes. Una de las premisas era recuperar leyendas y tradiciones que han fascinado a generaciones, y explorar y disfrutar con niños y niñas las múltiples posibilidades que ofrecen los materiales literarios relacionados con el tema.
Para la ocasión, se ambientaron las salas de lectura de la biblioteca con elementos como el templo de la asamblea, el fuego del oráculo, las estatuas de los dioses, los objetos del tesoro mítico, y un entorno de murales elaborados por los niños con técnica de mosaico.
A partir de la leyenda de los Doce trabajos de Hércules, el programa incluyó la narración oral de mitos y la resolución –por parte de los asistentes– de una serie de pruebas con ayuda de los libros y otros materiales informativos disponibles en la biblioteca. También comprendió charlas de profesionales que trataron aspectos del arte y de la cultura asociada a los mitos, y representaciones en la biblioteca de personajes fantásticos procedentes del universo mítico, que generaron gran expectación entre los participantes y constituyeron uno de los elementos de mayor atractivo de la animación. La oferta se completó con un amplio catálogo de talleres dirigidos a diferentes grupos de edades, que abarcó temas como astronomía, cerámica, arte o creación de instrumentos musicales con referencias y actividades ligadas a la mitología.


EL PROGRAMA “LEYENDO ESPERO” SE AMPLÍA


Los Centros de Atención Primaria de San Juan, en la capital, y de Guijuelo, en la provincia de Salamanca, se han sumado desde el mes de octubre al programa “Leyendo espero”. En este programa la Fundación se encarga del servicio bibliotecario en los Centros de Atención Primaria de Salamanca en virtud del convenio firmado con el INSALUD en mayo de 2001.
Los Centros que acaban de incorporarse al programa contarán cada uno con un fondo bibliográfico de unos 200 títulos y el servicio lo atenderá un equipo de bibliotecarios de la Fundación y alumnas en prácticas de la facultad de Educación Social de Salamanca.

El programa “Leyendo espero” responde a la inquietud de la Fundación por introducir el libro para niños en espacios diversos, con la finalidad de fomentar la lectura en otros ámbitos que no sean, con exclusividad, el espacio escolar, el familiar o el bibliotecario. Se trata de convertir las salas de Pediatría de los Centros de Atención Primaria –donde padres e hijos comparten un tiempo de espera– en espacios adecuados para compartir una lectura breve que distraiga y haga más llevadero ese tiempo.

Al concebir el proyecto la Fundación se marcó como objetivos:

- Acercar los libros infantiles a los niños en lugares cotidianos y no comunes de lectura, partiendo de la consideración de la lectura como una actividad social y una fuente de entretenimiento para los más pequeños.

- Mostrar a los padres, desde espacios distintos de las bibliotecas o de las escuelas, una variedad rica de libros que pueden ofrecer a sus hijos.

- Valorar la lectura como una actividad presente en la vida cotidiana que se puede relacionar con el ocio y la distracción.

- Establecer una colaboración con otras instituciones que se ocupen de la infancia, en la búsqueda común de una mejor calidad de los servicios que estas prestan y hacerlas a la vez partícipes de la tarea de construir una sociedad más lectora y culta.

 


Para la puesta en marcha del servicio de biblioteca, se preparó una colección bibliográfica de unos doscientos libros, aproximadamente, donde predominan los libros de imágenes dirigidos a primeras edades, cómics y libros sencillos de carácter informativo. El mobiliario para albergar los libros fue diseñado especialmente para el proyecto, bajo la premisa de facilitar el uso de los materiales y permitir a los usuarios un acceso libre y directo a ellos.

Como material orientativo, se elaboró un díptico informativo dirigido a padres y niños que contiene sencillas recomendaciones sobre la utilización de la biblioteca y se editaron, con un diseño idéntico al de las recetas médicas oficiales de SACYL (Sanidad de Castilla y León), Recetas de Lectura, que contienen recomendaciones de libros para las distintas edades. El pediatra entregas esas singulares prescripciones a los niños y a los padres cuando acuden a las revisiones médicas.

El horario del servicio de biblioteca coincide con el de atención del Centro de Salud. El personal sanitario se encarga de mantener el funcionamiento del servicio. Cada diez días, la bibliotecaria responsable del programa acude al centro para revisar el estado de los libros y comentar dudas, temas o sugerencias sobre la marcha del proyecto con el personal sanitario y los padres.

La extensión de una iniciativa de estas características requiere la colaboración de organismos públicos o privados que puedan asegurar no sólo la dotación bibliográfica y los espacios e infraestructuras necesarios, sino también la continuidad del funcionamiento del proyecto. A poco más de un año de su puesta en macha, la Fundación ha recibido treinta y ocho solicitudes para implantar el programa en otros centros de salud. En respuesta a esa demanda, la Fundación ha extendido el servicio a los centros de San Juan y de Guijuelo, con la colaboración de la Dirección General de Cooperación Cultural del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

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