EL SECRETO ESTÁ EN EL LIBRO,
EN EL LIBRO ESTÁ EL SECRETO
Yo
era muy curioso e impaciente. Estaba sentado a los pies del Gran Anciano,
escuchándole cantar. Cuanto cantaba, las piedras se volvían
tan ligeras que flotaban sobre el agua. Cuando cantaba, las islas
navegaban por las aguas del lago. Cuando cantaba, el cielo se llenaba
de estrellas. Cuando cantaba, lo que estaba arriba bajaba y lo que
estaba abajo subía.
¿Cuándo me convertiré en un mago de verdad? -le
pregunté, tironeándole el faldón de la capa de
terciopelo.
Pronto -dijo el Gran Anciano, y siguió cantando.
El pelo de su gato empezó a centellear. Erizó la cola.
Podía ver algo que yo no veía.
¿Es por ser demasiado joven? -pregunté, curioso.
No -respondió el Gran Anciano, y siguió cantando.
Un pájaro explorador se posó en el hombro del mago y
se acicaló las plumas con el pico. Luego, ladeó la cabeza
y me miró fijamente con sus ojos de pájaro.
¿Es por ser bajito? -pregunté.
No. No depende de la estatura -dijo el Gran Anciano, que continuó
cantando. Su canto hizo estremecerse las copas de los árboles.
Hizo que el viento soplase con más fuerza, y pronto nos rodearon
silbidos y murmullos. El viento hizo caer las ramas secas. Los violentos
crujidos de los árboles me dieron miedo y agaché la
cabeza para mirarme los pies.
¿Tengo los dedos de los pies pequeños? -pregunté.
¿Cómo dices? -se extrañó el mago, lanzándome
una mirada sorprendida. Los árboles dejaron de murmurar.
Yo le enseñé las manos y los dedos de los pies.
¿Un mago tiene que tener las manos más grandes? -pregunté.
No -dijo el Gran Anciano, y sonrió ligeramente.
Tomé una flor de una mata y la olí. Esparcía
un delicado perfume.
¿Acaso un mayo necesita una nariz mayor? -pregunté.
No -replicó el Gran Anciano. Tenía ganas de reir.
Yo era curioso e impaciente. No quería seguir esperando. Era
mago de nacimiento, pero me faltaba fuerza. No sabía cómo
adquirirla. Miraba el pelo centelleante del gato. Las piedras encantadas
por el mago flotaban en el aire. Decidí volver a preguntar:
¿Cuándo seré un
? -volví a empezar.
El Gran Anciano se inclinó entonces para sacar un libro del
saco. Sonrió astutamente y me dijo:
El secreto está en libro, en el libro está el secreto.